lunes, octubre 16, 2006

Libre Albedrío

- ¿Hacés lo que querés? – me preguntó.
- No. – contesté, e instantáneamente miré el pasto y comencé a arrancarlo de a poquito con los dedos.

Vivo en una casa grande, con mi familia. Tengo una habitación con una cama de dos plazas, una computadora con Internet, un sillón de oficina de cuero, y un a lámpara de lava. Tengo un celular con pantalla a color, una cámara de fotos digital, tengo algo de ropa de marca y los fines de semana nunca falta dinero para salir. Voy a bailar, voy a bares, voy al cine cuando quiero, y estoy aprendiendo a manejar. Y en cuanto a mi futuro, hago el ingreso para la carrera que quiero seguir, la carrera que me gusta y de la que quiero vivir y mantenerme cuando sea grande. Pero no, no hago lo que quiero.

Lo que yo quiero es rebalsar vida por mis poros. Quiero oler una flor de ciruelo de un árbol en Japón. Quiero conocer un niño de Etiopía que le guste buscar formas de animales en las nubes. Quiero concentrarme hasta descubrir porque la gente no puede cantar sin usar las cuerdas vocales. Quiero sentarme en la cima de una montaña y discutir con ella sobre la existencia o no de un Destino. Quiero levantarme de la cama y estar rodeada de pájaros de colores que me acompañen a hacer las compras. Quiero pintar la soledad. Quiero prescindir de la televisión. Quiero ser dueña de un diario de venta masiva y poner en la portada la increíble historia de un nene que encontró una nuez con forma de Europa. Quiero sentir que cada día estoy en el lugar en el que debo estar, y quiero que ese lugar sea en todas partes.

Hay miles de cosas que quiero hacer, que quiero experimentar y sentir, hay tanto mundo, tanto por conocer que no me alcanzaría la vida para hacerlo todo. Pero no es el tiempo mi enemigo, sino mi contexto.

Me gustaría trabajar uniendo personas, que mi trabajo consista en juntar a aquellas personas que fueron destinadas a conocerse, pero que por razones externas a ellas no pueden hacerlo. Cerca de mi casa hay una tienda de libros usados, la cual la atiende un hombre de unos 35 años. Es el hombre más solitario que haya visto, con un gato gordo durmiendo en la vidriera, y dos peceras que mantiene de forma extremadamente meticulosa. Es una persona que no tiene rastros de vida social, pero por su forma de actuar, se puede ver a simple vista que posee un corazón noble, o por lo menos bondadoso. A escasos metros de mi casa hay un edificio, en el que vive una mujer de unos 35 años. Nunca la vi acompañada, y siempre que sale a la calle se viste con ropa que no es de todos los días, sino ropa con la que se iría a una fiesta poco formal. Se arregla hasta para ir a la verdulería, esperando encontrar, supongo yo, al amor de su vida en ese corto trayecto, porque una nunca sabe cuándo o dónde puede aparecer la persona que esperábamos, por eso hay que estar siempre lista. Pero nunca, en los 14 años que llevo viviendo en este barrio, la vi sonreír, ni a ella ni al vendedor de libros, y eso es porque las personas que están solas no tienen para quién sonreír.

A veces me frustra, los veo y sé que si se conocieran podrían acabar con el mismo mal que los acomete a ambos, sé que acabarían sus días grises para pasar a los días de canciones y desayunos de a dos. Están a menos de 200 metros uno del otro, y siguen en sus mundos solitarios.

Así que ése sería mi trabajo, entrar a los archivos del Universo y dar un pequeño empujoncito a esas personas que no pueden encontrar a aquel o aquella que buscan. Podría juntar al pintor de Grecia, con la modelo colombiana con la cual estaba predestinado a pintar el retrato que lo sacará de su miseria. Alcanzaría a la nena de la plaza de acá cerca con el payaso Firulete, que es el único que entiende y sabe como hacer a su amigo imaginario con un globo. O a ese hombre de 48 años con su padre que vive sus últimos días en Jujuy, pero que a pesar de haberlo anhelado siempre no sabe de su existencia.

Lamentablemente ése no es un trabajo rentable, y el Estado no creería nunca necesaria una Reunidora de Personas. Así que una se conforma con estudiar para algún trabajito que le guste, dentro de la escasa variedad de éstos, que no sea muy agobiante, que abarque una o dos áreas de interés, uno que traiga el pan a la mesa y haga que papá y mamá se sientan orgullosos. Y estudiamos, y promocionamos, y si nos va muy bien quizás nos recibamos un tiempito antes de lo previsto, haciendo que por éste pequeño logro no nos sintamos tan miserables por haber cambiado nuestro sueño de la infancia de enseñarles bailar tango a las mariposas, por el mediocre futuro de abogada, médica o contadora pública.

- No, no hago lo que quiero. – Y volví a desviar la mirada en el chico que jugaba con una botellita en la plaza.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

siempre me pregunto q es lo q quiero..
creo q nunca me lo puse a pensar en serio.. por q al no poder conseguirlo me pondria un poco mal
asi q no llegue a la pregunta.. "hago lo q quiero?"
:)
muy lindo

Anónimo dijo...

moñito me gusto mucho lo q escribiste y esto demuestra lo q hablabamos hoy.
sos especial y unica.
y me encanta sentirme parte del relato tb !!! jaja te kiero

la verdad es q esa pregunta rondaba mi cabeza hacia mucho tiempo y me estoy dedicando a preguntarselo a algunas personitas, pero lamentablemente nadie lo entiende como vos lo haces, o por lo menos eso parece.

yo kiero saber si "haces lo q keres" literalmente, sin vueltas.
te despertas a la mañana y planeas tu dia, es ese el dia q keres? son esos los lugares a los q keres ir?, estas con las personas con las q keres estar?
es dificl q alguien pueda afirmar q si, sin titubiear, pero eso es xq no nos conformamos con poco, y lo q hay en este mundo siempre es poco.
si nos detuvieramos a pensar las cosas con mas detenimiento tal vez podriamos adueñarnos de nuestras vidas de alguna manera, pero resulta imposible, y es el contexto como vos decis y no el tiempo. pasa q ese "tiempo" es contexto a la vez, xq es él el q lo condiciona, el q lo fabrica. entonces cuando nos detengamos a mirar a nuestro alrededor y digamos: esto q me rodea no es lo q kiero, cambiaremos nuestro tiempo y sabremos al menos q es lo q no keremos.

Nahuel dijo...

quizas hacer las cosas sin pensar es hacer lo que el destino quiera...

si no es asi...¿me encontras una chica fana de los redondos y que sepa de los doors? soñe con una chica asi... palida y de pelo negro...

el destino es lo que vivimos
no lo que hacemos pensando que es premeditado por él mismo.


pero igual, conseguime una ricotera y seras recompensada